Ayer al bajarme del coche, antes de bajar un par de semilleros con alcornoques que me traje del colegio a casa para asegurar que tengan un verano pasado por agua, escuché una canción en la radio. Por suerte, el locutor dijo el título de la misma al finalizar; si no mi alternativa hubiera sido preguntarle a mi hijo, porque sabía que a él le gustaba. En ese momento en el que parecía que sólo estaba pasando una cosa, la cabeza del maestr@ estaba pensando en la canción que le pondría de fondo al montajillo de fotografías que seguramente montaría al día siguiente.
Al día siguiente, hoy, teníamos previsto realizar nuestra primera convivencia en la playa con las familias. Sabemos que hay muchas formas de construir comunidad, pero quizás ésta es una de las mejores.
Durante la comida de hoy, aunque la cabeza del maestr@ parecía que estaba en lo que estaba se acordó de una camisa verde pistacho. Era la camisa que llevaba Ramón Flecha, la primera y la única vez que lo escuché. Esto fue en Madrid, en el año 2006, creo. Ese mismo fin de semana me matrícule en unas Jornadas o Congreso que había en el País Vasco sobre Democracia Participativa. Antes de irme, me enteré que ese mismo fin de semana íbamos a tener la visita de Ramón en una Jornadas que se celebraban en la UNED. Sin dudarlo, pasé mi primer día en San Sebastián y me volví por la noche a escuchar a Ramón. No me arrepiento de la decisión. Resultó ser una de las charlas y de las personas con mayor capacidad de motivación con la que me he encontrado nunca. Durante la charla alguien se acercó a él, y creo que le comunicarón el fallecimiento de un buen amigo suyo: Jesús Gómez, Pato.
En alguna ocasión posterior leí a Ramón hablar de la teoría del amor que había construido Pato (aún tengo pendiente la lectura de su libro). Mientras comía, esta idea se entremezclaba con el título de la canción que había escuchado en el coche: The power of love; con la charla que una de nuestras maestras favoritas dio hace unos días durante la graduación de nuestros grupos de sextos que ya se nos van para el insti y de las muchas cosas que hace una maestra por amor; se me entremezcló con un libro que leí hace más de cinco lustros de otro vasco ilustre, mi Unamuno, que tanto me acompañó durante la adolescencia, su Amor y Pedagogía, con sus palabras finales que decían algo así como: "ahoguemos en amor, en humanidad, la pedagogía". Éstas eran algunas de las cosillas que se paseaban por la cabeza de ese maestro que parecía que tan sólo estaba almorzando.
De esos años, se nos pasó además por la cabeza las lecturas dialógicas que intentábamos hacer mi amiga Sonia, Arantxa y yo sobre un librillo sobre Comunidades de Aprendizaje que recién se había publicado en Graó; y de otro librillo de Ramón Flecha que marcó aquella etapa.
"Compartiendo palabras" (así se llamaba aquel libro) podría haber sido el título de la entrada al blog de hoy. Este encuentro en la playa nos sirve para poner palabras a ilusiones, a expectativas, a sueños de los niñ@s y de las familias. Me encanta terminar hablando de palabras como universidad, con algunas madres a las que les cuesta incluso pronunciarla, pensando en el futuro de su hijo. Me encanta ver cómo el campo de oportunidades que abre la playa y la educación pueden cambiar la vida de una persona, de un niñ@ con el que trabajamos a diario. Porque como diría Ramón en aquella charla, pensemos como maestr@s en qué educación querríamos para nuestros hij@s; intentémos con todas nuestras fuerzas dársela a nuestros alumn@s.
Entre todas estas cosas que pasan por la cabeza de una maestr@, hoy ha habido baños, ha habido juegos, ha habido sueños, ha habido risas, ha habido imaginación de un futuro aún juntos, ha habido cambio.
Chic@s, familias, sigamos compartiendo palabras, ilusiones y sueños. El curso que viene nuestro cole comenzará soñando, porque como decía un buen maestro de Jérez, nuestro Mateo, hay anhelos de una escuela diferente que much@s de los que conformamos la comunidad educativa del Carlos V tenemos.
Espero en unos años encontraros en ese Regreso al Futuro, del que la canción que escuché en el coche es banda sonora, viéndoos a tod@s habiendo cumplido muchos de esos sueños que durante estos años vamos compartiendo y construyendo junt@s.
Muchas gracias a todas las familias, maestr@s y niñ@s que han hecho posible este día. Y una cosilla, aunque la cabeza del maestr@ esté en otras muchas cosas mientras está con vosotr@s, siempre están con vosotr@s en ese ahora que estáis compartiendo.
Muchas gracias y a disfrutar de estos últimos diillas que nos quedan antes de las vacaciones de verano.
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